Y todos éramos Kung Fu
por Pablo Laplace on jun.05, 2009, en Noticias

Me llamó un amigo de la infancia para comentarme que habían encontrado muerto en un hotel de Bankok (Tailandia) a David Carradine, el monje Shaolin que cada semana seguíamos sagradamente.
Corría la primera mitad de los convulsionados años 70. La televisión sólo transmitía en blanco y negro. A las 22.00 horas aparecía Kwai Chang Caine caminando por una infinita duna, descalzo e interpretando una monótona melodía con su improvisada flauta traversa. En flashback, se mostraban escenas del entrenamiento del monje en el templo Shaolín, luego la prueba de los guijarros y las marcas grabadas con fuego de un dragón en cada brazo. Kwai Chang Caine, ahora era un monje discípulo de la filosofía del gran Confucio.
De ahí al presente, en el Viejo Oeste, enfrentándose a incultos y bárbaros vaqueros a los que emborrachaba con su destreza en las Artes Marciales y su incomprendida sabiduría oriental. Una buena mezcla para una época post hippie.
David Carradine, interpretó el rol de este chino-americano en los 63 capítulos que duró la serie original Kung Fu, estrenada en Estados Unidos en 1972 y que a Chile llegó en el 74 obteniendo excelentes marcas de sintonía. Cada episodio era tema de conversación en los recreos, no sólo por las peleas entre rudos vaqueros y en mal alimentado monje sino que, también por el sinnúmero de enseñanzas que los maestros entregaban a este estudiante apodado “Pequeño Saltamontes”.
Todos nos creíamos Kung Fu, imitábamos o al menos lo intentábamos, los movimientos de manos y pies propios de esta disciplina marcial y llenábamos nuestros cuadernos con dibujos de Caine y de sus aventuras en tierras americanas. Era nuestro modelo, nuestro héroe setentero, todos queríamos ser como él, el Superman o Batman de nuestros padres, pero sin superpoderes ni extravagantes equipos, simplemente un hombre, tímido y humildón pero que con una patada era capaz de botar a un apache de su caballo.
¡Todos queríamos ser Kung Fu!

