Invictus: Clint Eastwood lo hizo otra vez
por Viviana Coloma on Feb.07, 2010, en Estrenos

Invictus llegó a los cines el pasado jueves 4 de febrero, precedida por una gran crítica, una nominación a los Globos de Oro y dos candidaturas a los premios Óscar. Como si fuera poco, dos grandes nombres son parte de esta cinta: Clint Eastwood y Morgan Freeman.
Como director, Eastwood volvió a sorprender con una historia cargada de mensajes para reflexionar sobre la unión, así como también lo hizo de forma implacable en 2008 con su filme Gran Torino.
Invictus cuenta la historia real de cómo Nelson Mandela (Morgan Freeman), primer presidente de Sudáfrica escogido democráticamente y víctima del despotismo, logró a través del deporte -específicamente del Rugby- unir a un país dividido por el odio, el racismo y las ganas de venganza, pese a que él mismo cargaba la cruz de haber estado detenido por los racistas durante 27 años.
La historia muestra a un mandatario preocupado por la gente, por unir al pueblo con aquellos que, en tiempos pretéritos, eran símbolo de opresión. Su sueño era claro: un Sudáfrica multicolor.
Para lograrlo, Mandela se acercó al capitán del equipo de Rugby, François Pienaar (Matt Damon), a sólo un año de comenzar el mundial en Sudáfrica, donde el equipo local apenas tenía probabilidades de superar la primera ronda.
La relación entre el deportista y el mandatario abarca más allá del deporte. Comienza a configurar los primeros pasos de unión entre negros y blancos, son los indicios iniciales de que el cambio a la democracia puede ser pacífico y en unión con todos los grupos.
Morgan Freeman, aparte de tener un parecido abismante con el ex presidente sudafricano, realiza –como ya estamos acostumbrados- un trabajo fantástico, que en contadas ocasiones incluso llega a emocionar. Matt Damon, en tanto, también hace lo suyo, una gran actuación de cuyo personaje termina convirtiéndose en la clave para lograr el objetivo de Mandela.
La música es increíble, crea una atmósfera única que sólo ayuda a sensibilizar aún más al público. La fotografía espléndida logra retratar la realidad incólume de Sudáfrica. Mención aparte, el final de la película (no te asustes no lo relataremos) contado a través de cámaras lentas provoca una emoción indescriptible para una historia sencillamente sensacional.
“Soy el dueño de mi destino. Soy el capitán de mi alma”

