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The Hurt Locker
por Manuel Barrero on abr.09, 2010, en Estrenos

Hay dos formas de enfrentarse al visionado de The Hurt Locker. Podemos valorar su calidad como cinta de acción en un entorno hostil, con esa lucha del individuo contra los elementos y la propia conciencia; dentro de una situación límite. Pero por otro lado podemos considerar su validez como documento que refleja la realidad de Irak, y de los soldados norteamericanos allí desplazados.
Es en este segundo supuesto en el que la película de Katrhyn Bigelow pierde crédito. El realismo que imprime la directora a la forma, no va unido al del fondo, mucho más irreal. Ya se han encargado los verdaderos artificieros que trabajan en Irak de contar que poco tiene que ver su trabajo con la actitud mostrada por el protagonista del film.
Y si hablamos sobre lo que plantea en lo que respecta al conflicto, aun peor. Los iraquíes son, una vez más, seres anónimos, cuyas bajas no importan nada. De nuevo, la dichosa egovisión de considerar a los propios como personas, y a los ajenos como simples bajas colaterales. El único autóctono que tiene rostro y nombre es un niño, del cual se hace un uso algo fraudulento.
Ahora bien, si obviamos todo esto, estamos ante una excelente película de acción. Un film lleno de tensión, con una magistral dirección de Bigelow, a la que no asusta usar la cámara de forma muy poco común en el cine comercial. Aun a riesgo de espantar a algunos espectadores, la directora mantiene su valiente apuesta formal.
Una decisión estética que hace mucho más estimulante este viaje al infierno que supone The Hurt Locker. Un trayecto que hacemos de la mano del Sargento William James, uno de esos personajes que dejan huella. Magnífico el contenido trabajo de Jeremy Renner, llenando de humanidad a un militar que sufre los devastadores efectos de la guerra.
La guerra como dañina droga. Entre la adrenalina que provoca el peligro, y la depresión de la muerte alrededor. Una magnífica obra de ficción, que desprecia en demasía el contexto particular en la que se desarrolla.
Precious: Una truculenta sucesión de desgracias y miserias
por Manuel Barrero on abr.04, 2010, en Estrenos

Sorprende (o no tanto) que una película tan mediocre como Precious consiguiera dos Oscar en la edición de este año. Se puede comprender el galardón para Mo’Nique, en una de esas interpretaciones con indiscutible aroma de premio. Pero, ¿y el Oscar al mejor guión adaptado? Para mí, totalmente incomprensible.
Con todo, lo que más preocupa es que triunfara (con pleno de cinco premios) en los Independent Spirit Awards. En el espíritu independiente debería ir implícito el riesgo, y las ganas de innovar en el arte de hacer cine. Algo que Precious no posee, ni por asomo.
Pero aun hay más. La película no es más que una truculenta sucesión de desgracias y miserias. Acercándose peligrosamente a la pornografía sentimental, Lee Daniels busca de forma descarada la compasión del público.
Pero el director tampoco quiere espantar a la audiencia. Así, las desdichas de su obesa protagonista se hacen menos duras, gracias a su capacidad para evadirse de la realidad (esas ensoñaciones que dan un respiro a los espectadores), y gracias a las bienintencionadas personas que aun quedan por el mundo.
Demasiado simple la distinción entre buenos y malos, con personajes de escasos matices. Una realización que pretende realismo, pero que se deja notar demasiado, en el mal sentido (que alguien me explique el uso que se hace del zoom). Una película que pretende mostrar la cruda realidad de los marginados, pero en la que hay muy poco ejercicio reflexivo.
Vicky Cristina Barcelona
por Manuel Barrero on may.08, 2009, en Estrenos

No es Vicky Cristina Barcelona la mejor película de Woody Allen, por supuesto. De hecho, es una película con varias imperfecciones. Entre ellas, la imagen de postal que, en demasiadas ocasiones, proyecta de Barcelona. Un regodeo en el tópico coronado por la insistente presencia de la guitarra española.
Pero aun siendo una película menor del genio neoyorquino, la película encierra dentro muchísimo más de lo que la apariencia pueda dictar. Por mucho disfraz de comedia que se ponga, estamos ante un film terriblemente triste. Un drama que nos habla sobre lo frustrante que, casi siempre, es el amor.
Una certera disección de las relaciones de pareja, haciendo hincapié en la insatisfacción que terminan provocando, y en la inmadurez emocional de sus protagonistas. Allen, además, sorprende con una película que, en varios aspectos, se aleja de todo lo hecho hasta ahora.
Un narrador que evoca el espíritu de un cuento, la ausencia de un claro álter ego alleniano, y lo cuidado de su aspecto visual; son tres ejemplos de la frescura que le imprime el director a su trigésimo séptimo largometraje. Lo que no cambia es su fina ironía, a la cual recurre una y otra vez para retratar a sus personajes de clase alta con aspiraciones bohemias.
Gracias a su papel de María Elena, Penélope Cruz consiguió llevarse el Oscar a la mejor actriz de reparto, con un personaje al límite. Pero el auténtico descubrimiento es una maravillosa Rebecca Hall, que deslumbra con una muy sutil interpretación.
El Luchador
por Manuel Barrero on abr.24, 2009, en Estrenos

Es El Luchador una película que se encuentra incrustada en el ajado cuerpo de Mickey Rourke. Actor y personaje se confunden, y se fusionan, para hacer un descarnado retrato de la decadencia y la gloria añorada. El cuerpo del luchador, castigado por los golpes en el ring y por las drogas anabolizantes; es el cuerpo del actor, castigado por otro tipo de golpes y otro tipo de drogas.
El director (Darren Aronofsky) muestra su capacidad versátil al realizar un trabajo que se aleja de la línea seguida hasta el momento. Ha sido capaz de esconder la fuerte impronta visual que impuso en sus anteriores trabajos (Pi, Requiem for a Dream y The Fountain), para despojar de cualquier artificio a una película que no los necesita.
Puede ser que sobre algún tópico recurrente del cine que habla de héroes caídos. Pero son los menos, en un conjunto en el que hasta la historia de amor tiene un encanto especial. Gran parte de culpa de esto último la tiene una Marisa Tomei que, con los años, no para de crecer como actriz. Espléndida madurez.
Resulta muy simbólico que Mickey Rourke no consiguiera llevarse el Oscar, a pesar de ser favorito. Se cierra el círculo del fracaso, con una significativa derrota para el actor. Era su momento, por mucho que Sean Penn (que ya tenía uno) también lo mereciera. Para Rourke no habrá (casi seguro) otra oportunidad. Sin embargo, para la historia quedará una de las interpretaciones física más completas y entregadas que uno haya visto en una pantalla de cine.

